Con el ambiente propio de la consecución de un gran título, el Deportivo celebraba eufórico sobre el Nuevo Los Cármenes. Para todo aquel que se enfunde la blanquiazul cada domingo, no eran solamente tres puntos. Después de una primera vuelta en la que la irregularidad reinó en cada visita a casa ajena, el conjunto herculino encarrilaba, por fin, dos victorias a domicilio. Ahora, ese runrún exacerbado que recorría la grada tras cada partido fuera, tornará de seguro en aplausos. Un aliento que devolverá la tranquilidad a un equipo que, ahora sí, se ha convertido en el favorito al ascenso.

El Deportivo vivía una de cal y otra de arena, que diría la canción. Su rendimiento como local hacía aún más sorprendentes los números lejos de Riazor. Con siete victorias, tres empates y un rosco reluciendo sobre el casillero de las derrotas, los blanquiazules habían demostrado una hegemonía sin igual en la categoría. Sin embargo, esto solo ocurría cuando su escudo era el más próximo al vértice superior izquierdo de la pantalla. Buen juego, entendimiento entre grada y jugadores y la gran unión que vive el vestuario dificultaban el entendimiento de lo ocurrido.

Un maleficio roto por la persistencia

Pese a la sabida importancia de mejorar como visitante, se encajaba un traspiés tras otro cada 15 días. Chilenas que terminaban en expulsión, amonestaciones al jugador erróneo que significaban una segunda amarilla o, simplemente, partidos como el de Tenerife, en los que piensas que te has llevado la victoria en el último minuto y te empatan con el tiempo ya cumplido. Una larga y terrible travesía por el desierto. Un sinfín de desbarajustes que, sumados a actuaciones paupérrimas, consumaron un total de seis empates, tres derrotas y solamente dos victorias.

Como un niño arrepentido tras un mal primer trimestre, el Deportivo se presentó después de las vacaciones con nueva libreta. En ella, el a priori innegociable rombo de Natxo González ya no figuraba como única alternativa en cada encuentro. Ahora, el 4-3-3 aparecía en escena para llenar de variantes a un equipo que parecía haberse hecho predecible. Con las alas que le entregó su entrenador, el Dépor voló. Así, como si nada de lo anterior tuviese que ver con ellos, se impusieron en Gijón y Granada para demostrar que, ahora también fuera de casa, son el mejor equipo de La Liga 123.

Caídos en combate

Ahora, el principal objetivo del Deportivo es sobreponerse a la plaga de bajas. A los lesionados Krohn-Dheli, Carlos Fernández o Pedro Sánchez hay que sumar los sancionados Domingos Duarte y Nahuel. En el horizonte, un Nástic de Tarragona en horas bajas. Los granas son actualmente 21º en la clasificación y servirán de preámbulo para el duro enfrentamiento ante el Málaga.

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