Tras la abultada derrota frente al Fútbol Club Barcelona, Julen Lopetegui tenía las horas contadas como entrenador del Real Madrid. La aclimatación al nuevo sistema o la sorprendente política de fichajes durante el mercado veraniego no sirvieron de excusa. Florentino Pérez no toleró ver a su equipo vapuleado por el máximo rival y anuncio su destitución ese mismo lunes. Desde entonces, y hasta a priori final de temporada, Santiago Solari ocupa el banquillo merengue. Pese a su inexperiencia, el Real Madrid ha sufrido una notable mejoría en su juego y, sobre todo, en sus resultados.

Como ya pasó en las etapas de Carlos Queiroz, José Antonio Camacho, Manuel Pellegrini o Rafa Benítez, aquella apuesta firme por un nuevo proyecto a principios de verano demostró no serlo tanto antes siquiera de que acabase el curso. No importaron los cambios sufridos en el equipo, tampoco la estima que los jugadores le tenían al técnico. Ni siquiera la dificultad de ejecución de lo que este intentó transmitir en la pizarra. Si no hay resultados inmediatos, que pase el siguiente.

El planteamiento del Real Madrid es ganar

Sin experiencia en banquillos de primer nivel, Solari tomó las riendas con un conciso discurso bajo el brazo. El objetivo principal era recuperar el ánimo de sus jugadores. A sabiendas del déficit de confianza con el que se encontraba su plantilla, simplificó el plan al máximo. Tres jugadores bien escalonados en el centro de campo, dos extremos de la vieja escuela pegados a la línea de cal y en punta colocó a un Karim Benzema que se ha convertido en el eje de todo el juego. En solamente cuatro partidos, el francés ya ha anotado cuatro goles. Uno menos que en todo lo que llevaba de temporada.

Benzema celebrando un gol | Vía: realmadrid.com

Otro jugador al que el técnico argentino ha querido potenciar es Gareth Bale. De hecho, no dudó en entregarle rápidamente el ‘spotlight’ de manera pública. Por unas cosas o por otras, el galés aún no ha aparecido, pero, tras devolverlo a su posición natural, es cuestión de tiempo que un jugador de su nivel tome protagonismo.

Las conclusiones son numerosas, pero, sobre todas ellas, ha quedado demostrado que en equipos como el Real Madrid no hay años de transición. Sin Cristiano Ronaldo, la directiva merengue buscó un técnico que potenciase su juego coral. Quería dejar atrás esas victorias conseguidas a través de la épica y obtenerlas por lógica. Construír un Real Madrid que no ganase contra pronóstico, si no de un modo totalmente coherente con lo visto en el césped. En cuestión de dos meses, el proyecto tambaleó y las derrotas echaron por tierra el camino hacia un nuevo estilo.

Morales celebra su gol ante el Real Madrid | Vía: LFP

Los grandes logros del Real Madrid, al menos en el siglo XX, han partido de lo  individual y, sobre todo, lo emocional. Entrenadores que sacan la mejor versión de sus futbolistas a través del trato y no del sistema. Vicente Del Bosque, José Mourinho, Carlo Ancelotti o Zinedine Zidane entendían a sus jugadores y conseguían que remasen en la misma dirección. Acompañando a una metodología u otra de este hecho, los números hablan. Seis Copas de Europa.

Los jugadores no concebían la necesidad de cambio

Si algo ha hecho la actual plantilla del Real Madrid en las últimas temporadas es levantar trofeos. Ya fuese mediante un juego ofensivo brillante, un sistema defensivo impenetrable o acudiendo a la épica, estos jugadores han ganado cuatro de las últimas cinco Champions League. Algo solamente comparable con la época de Di Stéfano en el club merengue.

La llegada de Julen Lopetegui a Valdebebas supuso un jarro de agua fría para gran parte del vestuario. Muchos jugadores no entendían la necesidad de cambiarlo todo. El Madrid de Zinedine Zidane no tenía un sistema fijo, tampoco una idea de juego clara, pero ganaba. No necesitaba un estratega, sino un entrenador que los mantuviese motivados año tras año. Sin desacreditar capacidades tácticas de ‘Zizou’, su gestión de grupo fue el factor diferencial que lo aupó al Olimpo. Lopetegui, que no pudo o no supo, nunca obtuvo tal requisito indispensable para triunfar en el club blanco.

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