El fútbol está lleno de tópicos. “No hay rival pequeño”, “Hay que seguir trabajando” o “La pelota no ha querido entrar”. Son frases que salen como un resorte de la boca de los futbolistas durante cada comparecencia. La mayoría de todos estos dichos son la vía de escape preferida ante las preguntas de los periodistas y carecen de valor informativo alguno. No obstante, hay excepciones, a pesar de que la repetición constante los haya convertido en banales. Son mensajes mucho más profundos e importantes de lo que en un principio puedan parecer.

Una de las verdades universales en el balompié es que es un deporte de once contra once, donde un único jugador no puede hacer nada por sí solo. A menudo, finalizados los 90 minutos de encuentro ocurre la misma escena. El trigoleador de la noche comparece a pie de campo, exhausto y con el balón bajo el brazo, para acordarse de sus compañeros con el ya clásico “Lo importante es el equipo”. Por desgracia para el deportivismo, sus plantillas han estado repletas de jugadores que, obviando el detalle del esférico, emulaban tal escena. La gran diferencia respecto a los demás es que el ego superaba el agradecimiento hacia sus compañeros.

Una reacción que no ocurrió a tiempo

Ha costado un descenso, una temporada de desilusión en desilusión cada fin de semana. Ahora, por fin, parece que la gestión deportivista ha enderezado el rumbo con su nuevo responsable, Carmelo Del Pozo. De la mano del director deportivo, esos egos, que solamente generaban malos gestos sobre el césped, mosqueos por suplencias inesperadas o altercados en los entrenamientos, se acabaron en el vestuario.

Varios jugadores del Deportivo se acercaron a aplaudir a la afición tras el empate a cero en Butarque la temporada pasada | Vía: deportivo.es

Con la pérdida de la categoría consumada, el segoviano aterrizó en Abegondo prometiendo dedicación y compromiso. Ha cumplido. 18 bajas y 15 altas, a las que hay que sumar la irrupción de dos canteranos en el primer equipo, Edu Expósito y Diego Caballo. Ha generado un cambio en el ambiente del vestuario que sorprende incluso a los jugadores que ya lo ocupaban la temporada pasada.

Nuevo método, nueva ilusión

Una de las primeras decisiones que tomó Del Pozo fue la llegada Natxo González al banquillo. Con su contratación, se concretó también la apuesta por un modelo de juego reconocible y una mayor exigencia al futbolista. El tiempo en la ciudad deportiva se multiplicó, las concentraciones aumentaron y las reglas de comportamiento interno estaban subrayadas en rojo sobre la firma de los futbolistas en sus contratos.

Carmelo Del Pozo presenta a Dani Giménez como primer fichaje de la temporada | Vía: deportivo.es

El verano comenzó y en su mochila miles de nombres sonaron como futuribles de la elástica blanquiazul. Pese al gran abanico que manejaban los medios, en el club tenían claras las prioridades. Crear un grupo unido y mantener a los jugadores que habían mostrado mayor compromiso durante la temporada anterior. Poco a poco, por la silla de la rueda de prensa pasaron futbolistas que confirmaron su continuidad. Pedro Mosquera, Fede Cartabia, Carles Gil o Eneko Bóveda no tardaron demasiado en concretar que querían seguir en A Coruña.

Otra de las carencias a rellenar era el liderazgo. Los fichajes de Álex Bergantiños, Vicente Gómez o Dani Giménez transmitían una seriedad que ni a cuentagotas se había vislumbrado veranos anteriores. Las cesiones millonarias e incorporaciones de jugadores más prometedores que comprometidos eran cosas del pasado.

Carlos Fernández celebra el 2-0 ante el Elche con sus compañeros | Vía: deportivo.es

La recompensa al trabajo bien hecho

Con las bases bien asentadas, esos nombres que marcan diferencias sobre el verde pasaron a ser la prioridad. Aunque no a cualquier precio. El que llegase debía saber a donde venía. El Deportivo aspiraba a ser un equipo sin estamentos. Cada jugador sería sobre el campo una herramienta más de cara a lograr el objetivo común. Bajo esta premisa, llegaron las últimas piezas. Quique González, Carlos Fernández o Domingos Duarte pusieron el broche a un proyecto que, sin ilusionar por nombres, ya enamora al público con su entrega.

Bastaron solamente un par de partidos para enganchar al deportivismo. El equipo está cada vez más cohesionado. Todos reman a una y, salgan o no salgan las cosas, el compromiso es máximo. Por fin, el aficionado puede empezar a recoger los frutos con una cesta que tenía abandonada desde hace varias temporadas.

La afición blanquiazul disfruta de su equipo | Vía: deportivo.es

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